Vale la pena estudiar

Publicado el 31 Enero 2013 por

Suele decirse que los mayores beneficiados de estudiar son los propios estudiantes. Eso es cierto, ya que el índice de paro entre los jóvenes cualificados es menor y su nivel de ingresos es netamente superior. Pero también es cierto que el conjunto de la sociedad sale ganando cuando mayor es el nivel educativo de un país.

Los datos son concluyentes. Primero, cada universitario aporta al estado el triple que una persona sin estudios. Segundo, que una reducción del 50% del abandono escolar supondría un incremento de 215 millones de euros anuales en los ingresos.

Según un estudio de la Fundación Cecot, Persona i Treball y la Fundación Privada Institut Industrial i Comercial, los titulados acceden a mejores puestos de trabajo, tienen menos posibilidades de estar parados y mucho menos riesgo de caer en la pobreza. Como consecuencia de todo ello, terminan haciendo un uso menor de los servicios sociales, como prestaciones y acuden menos a los hospitales porque tienen mejores hábitos alimentarios. Finalmente, es mucho más probable que sus hijos reproduzcan esa misma trayectoria vital, puesto que está demostrado que las circunstancias socioeconómicas de la familia son determinantes en el fracaso escolar de los hijos.

Los asalariados con estudios superiores aportan al Estado 7.763 euros al año en impuestos, mientras que si no tiene estudios ingresa 2.780 euros anuales. El informe constata que la diferencia entre los niveles de ingresos entre quienes tienen estudios y quienes no los tienen es significativa. Los trabajadores que no terminaron sus estudios no llegan a los 9.000 euros de renta anual neta, mientras que los universitarios se acercan a los 14.000.

Esta diferencia, apunta el estudio “El coste social y económico del fracaso escolar“, afecta a la tasa de paro y a la tasa de riesgo de pobreza. No es la primera vez que se apunta, ya que Hertzman ya demostró que en países con menos niños pobres hay menos niños con bajo rendimiento escolar. Para terminar con este círculo vicioso que se retroalimenta es urgente intervenir tanto en política educativa como en políticas de apoyo a las familias y contra la exclusión social infantil.

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