“Si tenemos un trabajo que nos impide criar a nuestros hijos, nos hemos equivocado en algo”

Publicado el 20 Septiembre 2012 por


Carlos González se ha erigido en uno de los más firmes defensores de la crianza natural de los niños. Según se desprende de su oratoria y de su magnífica prosa, no hay más norma que el instinto maternal a la hora de cuidar a los bebés. Uno de los autores imprescindibles para padres y madres que dudan.

1. Usted ha escrito libros, especialmente “Bésame mucho”, que son verdaderos alegatos de la crianza natural e instintiva de los bebés, que reivindican el cariño, el contacto y el respeto a los ritmos de los pequeños. ¿Por qué cree que es necesario recordárselo a los padres?

Lamentablemente, a lo largo del siglo pasado se difundieron una serie de prohibiciones en cuanto a la crianza de los niños “no lo cojas en brazos, que se malcría; no te lo metas en la cama o no saldrá jamás; no permitas que se salga con la suya…”. Como pediatra veía a muchos padres deseando abrazar, consolar, atender a sus hijos, pero que no se atrevían a hacerlo porque un profesional, o un libro, o un familiar, o una opinión más o menos generalizada les había hecho creer que le producirían “un trauma” o “una dependencia”, o que se convertiría en una especie de monstruo egoista o “pequeño tirano”.

Escribí el libro para mostrar a los padres que no pasa nada, que pueden amar a sus hijos, y demostrárselo, y disfrutar de ellos.

2. Abordas también cómo se ha vuelto habitual recomendar a las madres seguir manteniendo su vida de pareja o hacer actividades que la evadan de su maternidad: ¿por qué criticas este tipo de consejos?

No sólo a las madres; también a los padres. A ambos se les ha hecho creer que los hijos no son ni deben ser lo más importante de sus vidas, ni siquiera lo segundo o lo tercero más importante. Los hijos son más bien una carga, una lastre, algo que te impide alcanzar tus verdaderas metas personales…

“A padres y madres se les ha hecho creer que los hijos no son ni deben ser lo más importante de sus vidas.”

Si tu hijo llora a las seis de la mañana y grita para que vayas inmediatamente, te tiene “esclavizado”. Pero si es el despertador el que suena a las seis, y tu jefe te descuenta del sueldo si fichas un minuto más tarde de la hora, entonces eres una persona “liberada”, te estás “realizando”.

Antes la gente trabajaba “para ganarse la vida”. Es decir, la vida era lo otro, la vida era lo que hacías cuando acababas de trabajar. Ahora se nos quiere hacer creer que el trabajo es la vida. O trabajaba “para dar de comer a mis hijos”, donde “comer” evidentemente incluye la ropa, el cobijo, la educación, los juguetes, todo lo que tus hijos necesitan y tú les quieres dar. Pero lo que más necesitan los niños es a sus padres. Si hemos pasado de trabajar para poder criar a nuestros hijos, a tener un trabajo que nos impide criar a nuestros hijos, es que nos hemos equivocado en algo.

“Si hemos pasado a tener un trabajo que nos impide criar a nuestros hijos, es que nos hemos equivocado en algo.”

3. ¿Por qué lloran los niños?

Lo mismo que los adultos, los niños lloran porque sufren. Si son felices, ríen, y si son desgraciados, lloran. Lloran porque están frustrados o cansados o hambrientos o perdidos o desorientados o doloridos. No lloran para ensanchar los pulmones, ni para fastidiar, ni “porque sí”.

4. ¿Por qué quieren llamar la atención los niños?

Los niños necesitan nuestra atención. No pueden sobrevivir sin sus padres (o sin un adulto que les prodigue cuidados paternales).

5. A la hora de educar a los hijos, ¿dónde está la línea que separa la sobreprotección de la seguridad?

¿Qué es sobreprotección? ¿Protegerles demasiado? ¿Ponerles siempre en la sillita de seguridad, bien atados? ¿Protegerles del sol? ¿Vacunarles? ¿Darles la mano para cruzar la calle? ¿Vigilarlos constantemente en la piscina? ¿Guardar los medicamentos y productos tóxicos fuera de su alcance? Los niños necesitan nuestra protección, y nunca se les protege demasiado. Otra cosa es ignorar sus necesidades, no dejarles comer con su propia mano porque se manchan, no dejarles gatear porque se ensucia, no dejarles subir a un sitio sin peligro porque “se va a caer”…

6. Recientemente han surgido algunos expertos en crianza que esgrimen argumentos científicos, pero sin embargo usted sostiene que la crianza de los bebés depende más de convicciones personales. ¿Por qué cree que tienen tanto éxito las tesis que hablan de cómo doblegar los comportamientos de los niños?

Yo también esgrimo argumentos científicos, cuando los hay, o bien señalo su ausencia. Por ejemplo, no hay ningún estudio científico que demuestre que coger a los niños en brazos o dormir con ellos les produzca ningún problema psicológico. Al contrario, los pocos estudios que hay (escasos y pequeños, es cierto) más bien sugiere que los niños que durmieron con sus padres tienen menos problemas psicológicos.

“No hay ningún estudio científico que demuestre que coger a los niños en brazos o dormir con ellos les produzca ningún problema psicológico.”

Pero también afirmo que las cuestiones éticas no se pueden resolver con argumentos científicos. La cosa no es “ciéntíficos alemanes demuestran que pegar a los niños les produce una trauma psicológico”, “pues no le pego”, “científicos daneses demuestran que pegar a los niños fortalece su carácter y les convierte en adultos más seguros de sí mismos”, “ah, pues sí que le pego”. No señor, a mi hijo le trato como yo creo que le tengo que tratar, le trato en primer lugar como a un ser humano portador de derechos inalienables; en segundo lugar, como una persona a la que amo; en tercer lugar, como una persona especialmente débil, que depende de mí y a la que estoy obligado a proteger. Todos los estudios del mundo no me pueden decir que deje llorar a mi hijo, porque es mi hijo y está llorando, y le hago caso.

7. ¿Cual es la importancia del contacto físico en la crianza de los niños?

Es una cuestión fisiológica. Hay animales que necesitan estar siempre con su madre. La ovejita o el patito siguen a su madre a todas partes y lloran desesperados si se separan de ella. En cambio, los perritos o los conejitos se quedan tranquilos en su nido o madriguera mientras su madre se ausenta durante horas. Y nuestros hijos, ¿qué hacen si salimos un minuto de la habitación?

Muchos padres sienten que las manifestaciones fícicas de afecto están prohibidas. Pero, ¿de qué otro modo podemos mostrar afecto a un bebé o a un niño pequeño? ¿Se lo decimos, le enviamos una carta?

8. ¿Por qué tienen celos los niños?

Los celos son parte inseparable del amor. Te duele que la persona amada te deje por otro. Porque las relaciones afectivas son importantes, y su ruptura es muy dolorosa, y por tanto no queremos que se rompan.

“Los niños tienen celos de sus hermanos, de sus padres y de extraños y desconocidos”

Los novios podrían seguir con su vida aunque la relación se rompiera, pero aún así tienen celos. Con más motivos los niños, que dependen de sus padres para sobrevivir. No pueden exponerse bajo ningún concepto a que sus padres les dejen de querer o de cuidar, sería el fin del mundo. Tienen celos de los hermanos porque no quieren que les dejemos de lado para ocuparnos sólo del hermano. Tienen celos de los propios padres: cuando los padres se abrazan y se besan, los niños de dos años típicamente corren a meterse en medio. No quiero que papá haga caso de mamá y no quiero que mamá haga caso de papá, porque quiero que los dos me hagan caso sólo a mí. Y tienen celos también de extraños y desconocidos: si paseando con tu hijo te para a hablar con alguien, el niño empieza a llamar tu atención, a tirarte de la ropa, a “interrumpir las conversaciones de los mayores”. ¡Pero es que le puede atropellar un coche si te distraes hablando en la calle! Tenemos que estar siempre pendientes de nuestros hijos pequeños, y ellos nos lo recuerdan.

9. Periódicamente se reabre el debate sobre la conveniencia del cachete en casa. Usted se muestra absolutamente contrario por la misma regla de tres que tampoco está bien pegar a un adulto. ¿Cuáles son sus argumentos?

Lo dicho. No es una cuestión científica, sino una cuestión ética. No se puede pegar. A nadie. Si ni siquiera la policía puede golpear a los terroristas, ¿por qué diablos íbamos a poder golpear a un pobre niño indefenso, que además es nuestro propio hijo? Y me importa tres pepinos si la “bofetada a tiempo” es o no es educativa. Que además resulta que no lo es, que con la violencia sólo enseñamos violencia; pero no es ese el argumento. No se pega porque no se pega, y punto.

“Me importa tres pepinos si la “bofetada a tiempo es educativa”: no se pega, y punto.”

10. Recientemente también ha publicado un libro sobre la vacunación infantil. ¿Podría enunciarnos los principales motivos para vacunar a un bebé?

Las vacunas son una de las herramientas más eficaces de la medicina. Se ha conseguido casi eliminar enfermedades que hace décadas producían cientos, miles de muertes. Por desgracia, algunos padres se confían, piensan que esas enfermedades ya no existen, que no tienen importancia. Pero pueden volver en cualquier momento. Ha habido en Europa, en años recientes, importantes epidemias de tosferina y de difteria, y ahora mismo tenemos un preocupante rebrote del sarampión en España. Es importante seguir al pie de la letra el calendario de vacunaciones de cada país, y no retrasar las vacunas.

Imagen: Agustín Amate

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