Salud infantil: los peligros de internet para los niños

Publicado el 26 Agosto 2012 por


Cada vez más padres y madres se preocupan por los riesgos del creciente consumo de Internet de su hijos. Ya te comentamos la semana pasada los detalles y las conductas más habituales de los menores frente a Internet. Hoy te enumeramos y explicamos los mayores riesgos que tiene la red para los niños: los ciberabusos, la ciberadicción, el sedentarismo y el aislamiento.

1) El ciberabuso, del que ya te hablamos, ha llegado a cifras muy preocupantes. Más de una tercera parte de los menores españoles (37%) han sufrido acoso a través de la red, ya sea con insultos, burlas o chantajes.

2) La adicción. El cúmulo de formas en las que el niño puede acceder a la red deben ponerse en un mismo saco a la hora de evaluar una posible dependencia o adicción a las nuevas tecnologías. Ante esta situación, que puede tener tantas causas como familias, existe el riesgo del desarrollo de conductas No es ningún pecado de padre limitar con normas el uso de los aparatos y las videoconsolas a un horario concreto o a los fines de semana.

Si estás interesado en examinar tu conocimiento de internet y de las nuevas tecnologías y comprobar si el comportamiento de tus hijos puede ser peligroso, puedes visitar un test que han desarrollado en la Fundació Roger Torné. Está en catalán, pero se entiende sin excesiva dificultad y en breves desde Pequejuegos lo traduciremos al castellano.

3) El sedentarismo. Más allá de los sonrojantes intentos de algunas consolas por integrar la actividad física en sus videojuegos, pasar rato ante la pantalla es sinónimo de sedentarismo e inmobilismo. El 30% de niños españoles son obesos, y una de las causas es la falta de actividad física.

4) Aislamiento. Puede ser una consecuencia de cualquiera de los dos primeros riesgos, la adicción y el ciberacoso, o bien puede desarrollarse por separado, pero el aislamiento provoca alejamiento de la realidad y agudiza las posibles dificultades a la hora de relacionarse con sus semejantes. Sin duda, cualquier sospecha al respecto debe ir acompañada de una consulta con el psicólogo.

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