¿Qué podemos sacar de las vivencias dolorosas?

Publicado el 25 Abril 2012 por

Los niños se dan cuenta de lo que sucede a su aldededor. Y no solo lo perciben, sino que les afecta, aunque sea de formas que los adultos difícilmente llegamos a entender más allá de lo que podamos recordar. El sufrimiento y el dolor existe en los niños, pero se puede sacar algo positivo de ellos.

No podemos proteger a nuestros hijos de todo lo que puede dañarlos, como tampoco podemos negarles todo aquello que tememos que les va a costar asimilar y, en cambio, las vivencias dolorosas pueden ser una buena oportunidad para acompañarlos de una forma intensa. Por ello, el primer paso ante una situación complicada es olvidarnos de la negación.

La negación es un mecanismo mental de defensa que nos surge a los humanos, también a los niños, como si fuera un pensamiento mágico que pospone la asimilación de las malas noticias.

El dolor físico ha sido notablemente reducido por la ciencia y la medicina, pero el dolor sentimental y emocional es, si cabe, mayor que en generaciones anteriores porque elementos que podían paliarlo en alguna medida, como la religión o la falta de información, han sido puestos del revés. Ahora los niños pueden captar peores noticias, entenderlas en su cruda realidad y hacerlo sin la anestesia mental que suponen cierto tipo de creencias religiosas.

Ante esta situación, el deber de quienes educan niños debe ser el de encauzar esas vivencias para que sean fuente de madurez y crecimiento personal. El primer paso es acompañar, estar presente. Escuchar. Compartir el dolor, se manifieste en la forma que se manifieste.

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