Propuestas para mejorar la educación (9): mejorar el sistema de becas

Publicado el 17 Junio 2012 por

La educación debe poder ser de la mayor calidad para todos sus destinatarios. Es la única manera de poder aspirar a la igualdad de oportunidades para todos los alumnos, vengan del entorno que vengan, sean de familias pobres o ricas, sean o no inmigrantes y provengan de un barrio periférico o de otro privilegiado. Si ese es nuestro objetivo, deberíamos complementar nuestra inversión con un sistema de becas y ayudas eficiente.

El comportamiento humano, especialmente cuando se trata de acercarse al mundo laboral, viene muy condicionado por el razonamiento económico. Las personas calculamos el coste y los beneficios de cada opción que tomamos y valoramos. En las familias con menos recursos, los hijos, una vez cumplen los 16 años que permiten trabajar, encuentran más atractivo un sueldo inmediato que seguir estudiando.

El resultado lo vemos actualmente: un grueso de la población menos de 30 años en el paro, la mayor parte de la cual sin estudios porque abandonaron la educación tan pronto como pudieron. ¿La causa? Que en un determinado momento les resultaba demasiado costoso estudiar, tanto a nivel monetario (el precio de los estudios) como de oportunidad (el dinero que dejarían de ganar). Si desde la política se cambia esa situación, podremos tener un mayor volumen de adultos cualificados en el futuro.

La consecuencia será doble. Por un lado, tendremos una economía más competitiva, ya que un trabajador más formado suele ser más productivo, por lo que venderemos más y mejores productos y servicios. Y, por otro lado, paliaremos la desigualdad socioeconómica que ahora existe entre los trabajadores cualificados y los no cualificados.

La mejor de las herramientas para ello son las becas y los préstamos. Debemos poder articular un sistema más eficiente que el actual (que, según el propio Gobierno, no funciona suficientemente) que done o preste dinero a los estudiantes sin recursos para que se puedan costear y permitir cursar bachillerato, formación profesional e incluso una carrera.

Ante la actual situación de precariedad económica, tal vez una solución pueda ser la de prestar en lugar de dar. La mayoría de países europeos lo hacen. Si nos creemos de veras que la educación es una inversión, apostemos por los estudiantes que vayan a tener una proyección, facilitémosles los estudios secundarios no obligatorios y una carrera universitaria, y cuando encuentren trabajo, ya nos devolverán lo prestado con un tipo de interés tan bajo como sea posible.

Invirtamos en un seguimiento del fraude y la amortización de estos servicios. Acerquemos los controles a los centros educativos en lugar de tenerlos centralizados en Madrid. Creemos, para los estudiantes más avanzados, centros de estimulación y potenciación de los mayores talentos, sean de la extracción social que sean. Demos, en resumen, el máximo de oportunidades para que cada cual desarrolle sus capacidades.

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