Propuestas para mejorar la educación (13): atención a la diversidad

Publicado el 25 Junio 2012 por

Ningún alumno es igual a los demás. Los hay mucho más listos y los hay que tienen más dificultades. Los hay nativos y los hay de culturas y lenguas foráneas. Los hay con trastornos psicológicos y los hay con discapacidades físicas. Para tratarlos con igualdad, hace unos años se apostó por la integración en lo que se llamó educación en la diversidad. Durante un tiempo, se observaron mejoras, pero ni fueron las suficientes ni han aguantado la crisis.

¿Qué queda ahora? La mayor parte de las clases de las escuelas públicas y concertadas tienen por lo menos un niño que reclama atención individualizada con asiduidad. En las clases tenemos alumnos ingobernables por motivos que, directamente, no existían hace una o dos décadas: algún trastorno serio de conducta, la incomprensión total del idioma (recién llegados de China, Rúsia o África, por ejemplo) o algún retraso mental grave.

Una década atrás, estos perfiles eran apartados en centros especiales. Sin embargo, hace un tiempo se apostó por su integración para que todos los alumnos entendieran y se enriquecieran con la mútua diferencia de niveles, sensibilidades y dificultades. Para hacerlo, se crearon aulas de acogida, se introdujo la figura de los ayudantes en clase y se crearon protocolos y materiales para individualizar la educación especial. Con la crisis, tal cual se han terminado los fondos, ha sido lo primero en ser suprimido. Catalunya, por ejemplo, fue pionera en la iniciativa y lo ha sido también en su recorte.

Ahora, la diversidad parece haberse convertido en un lastre, porque sin apoyos humanos y materiales los niños con necesidades especiales quedan desamparados… y sus profesores superados. Actualmente hay superdotados muy por encima del nivel de lo que en el momento se da en el aula que carecen de estímulos para seguir creciendo, lo mismo que quienes están muy por debajo y necesitarían un refuerzo para acercarse al nivel medio, ya sea porque no entienden el idioma o porque tienen dificultades cognitivas. Hay tambien alumnos con trastornos de conducta que no pueden evitar levantarse de clase, gritar e incluso intentar fugarse del aula o agredir a los compañeros. Por supuesto, dar clase a solas con uno o varios de estos alumnos es más complicado.

En cifras absolutas se trata de un volumen importante de estudiantes que necesitarían ayuda. Apoyarlos es invertir en su potencial -que lo tienen, a pesar de sus dificultades propias- y también es estimularla economía, ya que supone puestos de trabajo. Como sociedad, atender a cada cual según sus características es un deber social y, sobre todo, moral.

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