La leche en los niños: riesgos

Publicado el 9 Marzo 2012 por

Los nutricionistas suelen mencionar la leche como uno de los alimentos básicos en nuestra alimentación gracias a los beneficios que lleva asociados. Sin embargo, también conlleva algunos riesgos tanto por los tratamientos que recibe antes de su consumo como por su misma naturaleza.

La leche, como te contamos la pasada semana, tiene numerosos nutrientes para los niños y los adultos, pero algunas investigaciones científicas también han advertido de los riesgos que puede conllevar su consumo. En los últimos tiempos se ha extendido la reflexión de que el humano es el único mamífero que sigue consumiendo leche después de que la madre deje de producirla. Esta constatación ha variado los hábitos de algunas personas y las recomendaciones de naturópatas y nutricionistas.

Según argumentan algunos nutricionistas, así se explicaría la aparición de los alérgicos a la lactosa o la mayor
secreción de mucosa en los pequeños que toman leche, algo conocido por
los pediatras, e incluso el mayor riesgo de sufrir cáncer y enfermedades
cardiovasculares
en los países de más consumo lácteo.

Uno de los detractores de su consumo más allá del período de lactancia materna, el homeópata Salvador Viaplana, sostiene en una entrevista que la leche “no es un alimento esencial en absoluto” producto, según él, de un negocio que hoy se ha expandido y del que hemos interiorizado su necesidad y generalizado su consumo sin fundamentos reales.

Actualmente, por ejemplo, la variedad de leches que encontramos en los supermercados destacan más por sus aditivos, como los ácidos grasos Omega 3 o la fibra, que por la calidad del producto natural. Igualmente, no es raro encontrar justo debajo de la marca expresiones como “Preparádo lácteo” o similares en lugar de “Leche” y adverténcias de alérgenos como “aceite de pescado”.

En el apartado de su tratamiento, las mejoras tecnológicas en los procesos de secreción, pasteurización
y conservación de la leche evitan, hoy por hoy, la aparición de brotes
antaño relacionados con el consumo de leche, como el tifus, la
poliomelitis o la tuberculosis, pero todavía se dan casos de infecciones
tóxicas alimentarias.

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