La jornada intensiva en las escuelas: argumentos en contra

Publicado el 19 Febrero 2012 por

Tras presentar las razones que escrimen los partidarios de la jornada continuada en las escuelas, exponemos los motivos con los que se defienden quienes están en contra.

El primer argumento de quienes no quieren una jornada reducida en las escuelas es, en realidad, una refutación: a pesar de lo que dicen los sindicatos, no existe ningún estudio o investigación que respalde que la jornada intensiva mejora el rendimiento escolar. Existe la evidencia que en algunos sistemas con este horario los resultados son mejores que en España, caso del finlandés, pero que tales mejoras no son imputables solamente al horario reducido, en tanto que existen otros factores que podrían ser explicativos, como la formación del profesorado o la mejor atención a la diversidad.

En una entrevista aparecida en Público, el catedrático de Sociología de la Universidad de Salamanca, Mariano Fernández Enguita, se alineaba con la tesis de que la mejora del rendimiento no es una evidencia, llamaba a analizar la particularidad de cada centro escolar y su contexto y deslizaba que “son los profesores quienes están cansados”.

Otra razón, que coincide en su título con el del argumentario opuesto, es el de la conciliación familiar. Con horarios intensivos, existe el riesgo de que, o bien el niño pase largos ratos solo en casa esperando a sus padres, o bien las familias dependan en exceso de las extrasescolares.

Es poco práctico para los padres avanzar el horario de salida de los hijos de la escuela si, en paralelo, los horarios laborales del país siguen siendo los que son. En los casos de contextos desfavorecidos, sea por el barrio o la familia, es sencillo imaginar que el niño o adolescente no podrá permitirse una actividad extraescolar y estará abocado a callejear o al descontrol de su casa, donde sus tareas escolares, si las hace, escaparán a la supervisión de un adulto. Y éste sí que no es el mejor escenario para luchar contra el fracaso escolar.

Finalmente, está la consideración de que el profesorado, una parte del cual suele apoyar la jornada contínua, es parte interesada del debate. Si el colectivo sale ganando con la mejora de sus condiciones laborales, entienden quienes defienden la jornada partida, quizá se sentirán más cercanos a defender políticas que no son las mejores para sus alumnos.

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