La clase de religión: argumentos en contra

Publicado el 14 Marzo 2012 por

Terminamos el debate sobre la conveniencia de cursar religión en las aulas con los argumentos de sus detractores. No se trata, por mucho que en ocasiones algunos quieran etiquetar a las posturas como progresistas o conservadores, ya que habitualmente hay muchos matices dentro de cada postura.

No es descabellado, por ejemplo, encontrar a votantes conservadores
admitir que una educación religiosa centrada en la moral católica tiene
poco sentido en aulas con más de tres cuartas partes del alumnado perteneciente a otras religiones
. Igualmente, hay personas ateas que defienden la necesidad de unos estudios sobre religión para entender los orígenes de Europa en la misma medida que son imprescindibles conocimientos de la historia del imperio romano.

El lunes se supo que cada vez hay menos alumnos que cursen religión. En bachillerato, por ejemplo, apenas el 43% del alumnado recibe clases de religión, mientras que en primaria el porcentaja ha disminuido en el último año. Solamente se incrementa el porcentaje de estudiantes que cursan religión en la etapa secundaria, aunque no sirve para que la tendencia general sea a la baja.

Pese a las bondades de las clases de religión, los estudios de moral cristiana tienen cada vez menos demanda en las escuelas. Algunas de las razones de esta tendencia son estas:

  • La religión pertenece a la esfera privada de cada cual y quien quiera conocer el hecho religioso es libre de acudir a
    las iglesias a recibir la catequesis. Imponerla en clase, sostienen los contrarios a su inclusión en los currículums, va
    contra la idea de una educación pública.
  • Muchos padres y teóricos entienden que en la escuela debe imperar la razón en lugar de otros valores como la tradición o la fe, por lo que prefieren que los menores tengan el mínimo contacto con la enseñanza del hecho religioso.
  • Entienden los detractores de las clases de religión que, frecuentemente, se trata de adoctrinamientos más que enseñanzas,
    por lo que limitan la comprensión de la realidad de un mundo cada vez más mestizo y multicultural. La laicidad de la educación pública debería, pues, imponer una enseñanza global o bien suprimir la asignatura del currículum.
  • No es “útil”. En la misma línea de quienes piensan en suprimir los estudios humanistas, como la historia del arte o el latín y, más allá, la filosofía y la historia, en pos de dedicar más horas a las matemáticas, las lenguas maternas y el inglés, la religión debería ser suprimida por su falta de aplicación práctica en la vida profesional.

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