La autoridad del profesor: unas reflexiones

Publicado el 19 Marzo 2012 por

Cada vez con más frecuencia aparecen propuestas políticas encaminadas a dotar a los profesores de una mayor autoridad ante un alumnado al que se acusa de poco respetuoso. Las quejas y los lamentos de los docentes suelen apuntar a la falta de apoyo de las instituciones y a la mala educación que los niños reciben en casa, pero la problemática es un síntoma dentro de un océano de malas costumbres.

No se trata de ser acríticamente nostálgico: ni las tarimas, ni obligar a los niños a dar los buenos días puestos de pie, ni la etiqueta de “autoridad pública” para el maestro solucionarán de un plumazo los problemas asociados al desacato al maestro. Estamos, se ha dicho muchas veces, en un contexto de crisis de valores, por lo que sería hipócrita e injusto culpar a los niños de actitudes que han copiado de sus referentes. Nuestros hijos ven las noticias o los partidos de fútbol y aprenden, por ejemplo, que mentir no solo es gratuito sino que puede ser beneficioso. ¿Podemos culparlos si muchos de los referentes populares son tan imperfectos?

El niño que observa que respetados políticos roban o mienten se sentirá legitimado a hacerse una chuleta o copiar en un examen. El hijo que escucha a sus padres hablar mal de sus superiores, de sus amigos o del propio maestro tendrá pocos reparos en hacer lo mismo con sus mayores. Y el pequeño al que en casa se le permite exigir en lugar de pedir las cosas por favor entenderá que el grito es un modo razonable de actuar en la escuela.

Igualmente, los niños escuchan a futbolistas y entrenadores de prestigio quejarse de árbitros o denunciar conspiraciones en su contra. Sucede algo parecido, aunque a escala reducida, cuando hay padres que lamentan su suerte sin autocrítica. Ven así cómo sus referentes desprecian las reglas establecidas y culpan a quienes las aplican, así que crean en su interior una tendencia a la excusa y hacia el ataque a la autoridad. La educación en el respeto depende de muchos factores, pero muchos de ellos, como ya vimos, pueden trabajarse en casa

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