Los jesuitas

Publicado el 10 Marzo 2013 por

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La elección del nuevo Papa de Roma ha venido acompañada de algunos datos insólitos hasta la fecha. El más comentado es que se trata del primer latinoamericano que ocupa el puesto. Sin embargo, tanto o más importante es el hecho de que es la primera vez que un jesuita llega a obispo de Roma. Te contamos por qué es tan excepcional.

Los jesuitas, también llamados Compañía de Jesús, fueron fundados por San Ignacio de Loyola en el siglo XVI con el objetivo de “servir almas”. Con los años, este fin de la compañía tomó formas exploradoras -Mississipi, Canadá-, evangelizadoras -India, Japón, China- y misioneras -América del Sur-, especialmente durante los años de imperialismo francés y español.

Cuando la Ilustración se expandió por Europa, a principios de siglo XVIII, los gobiernos quisieron restar el poder que tenía la Iglesia. Por aquel entonces, los jesuitas eran entonces una congregación incondicionalmente fiel al Papa y al Vaticano, por lo que muchos gobernantes decidieron acabar con ellos. Los jesuitas fueron expulsados de Portugal, Francia y España, se apresaron a centenares de sacerdotes y se cerraron las obras educativas que había en el norte de México, el Amazones y el sur de Brasil y Paraguay. El Vaticano decidió disolver la compañía y muchos sacerdotes se refugiaron en Rúsia o los Estados Unidos.

Fue, seguramente, el peor momento de la Compañía. 50 años después, sin embargo, el Vaticano la restauró, y pese a que más adelante han sido perseguidos en otros países, como Rúsia o Prúsia, los jesuitas han llegado a ser hoy la congregación con más religiosos del mundo.

Uno de los rasgos más característicos de los jesuitas es su estima por la formación espiritual e intelectual. Una de las consecuencias de esta apuesta es la cantidad de colegios que tienen en el mundo. En España hay 76.000 alumnos que estudian en alguna de las 38 escuelas jesuitas repartidas por el Estado. Esta cifra debe añadirse a las cuatro universidades que la Compañía de Jesús tiene en España. En todo el mundo la cifra de alumnos llega hasta los dos millones.

La otra consecuencia de su afán por la formación es que, antes de ser sacerdotes, los jesuitas deben dedicar muchos años -hasta 15- a estudiar y aprender de la vida y de las personas.

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