Historias Pequejuegos: El fin de una pelea

Publicado el 17 Abril 2012 por

El juego era muy sencillo: Carla y Adrián debían dibujar en una pancarta lo que había sido su visita al zoo. En lugar de hacer una tarea cooperativa donde los niños pudieran compartir el mural e ir completando lo que dibujaba el compañero, la profesora decidió partir el enorme papel en dos partes, una para cada uno.

Los minutos pasaron y el mural se fue tiñiendo de colores gracias al trabajo por separado de los dos, así que la maestra se relajó y pudo marchar a ayudar a los otros niños, que hacían otro tipo de manualidades. Al poco, empezaron los gritos.

– ¡Esta es mi parte! ¡Saca los pies que me molestas!

– ¡Tú me has pintado mi dibujo! ¡Bórralo!

Por un descuido, seguramente más por falta de cuidado que por mala idea, Carla había pintado en la mitad de Adrián y éste había ensuciado la parte de la niña con el polvo de la suela de sus zapatillas. Cada cual se tomó al accidente como una afrenta y montó en cólera. El incendio estaba declarado.

Antes de que llegara la profesora, Adrián rayó con un rotulador el cuello de la girafa que estaba pintada y Carla, presa total del histerismo, se levantó y arrugó una esquina del papel de su compañero. La profesora llegó justo a tiempo para evitar alguna zurra.

No le hizo ni falta preguntar qué había pasado. A sus cuatro años, los dos eran incapaces de pedir perdón y solo alcanzaban a sentirse atacados y legitimados en su defensa. El enfado de los niños no se pudo calmar hasta el día siguiente, pero la profesora los usó para demostrar a los demás que a veces no importa quién empieza las peleas porque los dos creen que tienen razón para defenderse: lo importante es que uno de los dos debe terminarlas.

Como los adultos.

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