El duelo en los niños

Publicado el 25 Febrero 2012 por

Los niños, como los adultos, son vulnerables emocionalmente a las pérdidas de seres queridos. La forma como transitan por este tipo de estados de ánimo es tan heterogénea entre los niños, incluso entre hermanos, como sucede entre los adultos, pero hay algunas pautas que podemos seguir para acompañar los procesos de duelo.

Ante una pérdida de un familiar o amigo a quien se sentían muy apegados, los niños pueden reaccionar de múltiples maneras: recuperando conductas infantiloides, evadiéndose de la realidad o negándola, intentando llamar la atención con gritos y mal comportamiento e incluso agrediendo a seres queridos.

El proceso de duelo no tiene plazos temporales, depende de cada persona pero, como acompañantes, los adultos deberíamos intentar facilitar un proceso de adaptación ante la pérdida y una canalización de los sentimientos que ésta produce. Para ello, intentaremos que el niño transite por las siguientes fases:

  • Aceptación de la pérdida. Pasada una época prudencial que dependerá de lo chocante de su experiencia, si el niño se empeña en negar una muerte o desaparición, ya sea preguntando por él o buscándolo por casa, no entraremos en su juego. No podemos mantener a los niños en una burbuja. La huida no es una solución al duelo, solamente un aplazamiento del dolor.
  • Conscienciación, expresión e integración del propio dolor. No es extraño que el niño integre muertes o entierros en el juego simbólico o en sus dibujos después de una experiencia así, como tampoco nos debería extrañar en él expresiones agresivas o de rabia. Esto no solo no es negativo en sí mismo sino que, si es controlado, le puede servir para exteriorizar sus sentimientos de frustración y tristeza.
  • Canalización de las emociones hacia otros fines: nuevas relaciones, fortalecimiento de las ya existentes, inicio de proyectos. Hay casos en los que los niños pueden llegar a culpabilizarse por la pérdida e incluso castigarse. Es un pensamiento mágico sin aparente sentido para quienes lo rodean, pero que deberemos aclarar escuchándole y haciendole ver que nada de lo que haya hecho tiene que ver con la muerte. También pueden sentirse desamparados o solos y volverse temerosos y miedosos, ante lo que deberemos ser sumamente respetuosos pero también claros: debe saber que es un niño querido y, por lo tanto, protegido,
  • Superación. A esta etapa se llega cuando el recuerdo del ser perdido no produce lágrimas o descontrol.

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