El cachete: argumentos en contra

Publicado el 29 Febrero 2012 por

Cada cierto tiempo suele aparecer dentro del debate sobre la educación de los hijos el asunto de los cachetes y las bofetadas a los niños como forma de castigo. Pedagogos, padres, maestros, columnistas y tertulianos mantienen entonces apasionadas conversaciones al respecto, unas veces basadas en argumentos científicos, otras en prejuicios y otras en la propia experiencia.

Desde Pequejuegos queremos contribuir al debate exponiendo las razones que suelen esgrimirse de uno y otro lado. Hoy empezamos con las contrarias al bofetón.

  1. La ley. En España está prohibida y penada cualquier forma de violencia contra los niños. El Código Penal, el Código Civil y la Constitución lo establecen así. Otro asunto es que raramente se producen denuncias al respecto y, para el menor, es muy complicado demostrarlo.
  2. Demuestra pobreza de recursos y falta de autocontrol de los padres. Ningún adulto sensato pegaría a otro adulto por el mero hecho de que el otro no se comportara como debe. Por qué entonces, se preguntan los contrarios al cachete, hay padres que se ven con el derecho de pegar a sus hijos cuando desobedecen, tienen una rabieta o hacen alguna trastada. Existen otros métodos educativos más allá del castigo físico, aunque tal vez requieren más paciencia.
  3. No es pedagógico. El informe Stop al castigo físico, editado por la Fundación Cooperación y Educación (Funcoe) en 2005, señalaba que “los niños que reciben con frecuencia golpes en casa atacan a sus compañeros el doble de veces que los que no son pegados”. Algunos psicólogos proponen otras alternativas para modelar la conducta de nuestros hijos. La violencia que reciben, en definitiva, la reproducen, y si han entendido que los conflictos se resuelven con violencia, serán los primeros en usarla.
  4. Las consecuencias a largo plazo. Según algunos estudiosos, el castigo físico puede llegar a acentuar comportamientos agresivos en lugar de inhibirlos. Para el niño, el castigo físico puede ser fuente de complicaciones emocionales, un descenso de su autoestima y un alejamiento del padre castigador. En este sentido, el miedo al castigo puede hacer desarrollar en el niño la necesidad de mentir o rehuir responsabilidades, por lo que termina erosionando la relación de confianza con los padres.
  5. La arbitrariedad. Si la bofetada recibe una legitimación, su uso dependerá de cada padre, por lo que será complicado determinar los límites. Hay padres que usan un simbólico cachete en el trasero, pero no es raro escuchar historias de azotes con un cinturón o palizas a los hijos posteriores a una borrachera. De hecho, en Estados Unidos está triunfando un libro que propone golpear a los hijos con una vara.

Quienes son contrarios al bofetón esgrimen razones morales y educativas para conseguir el objetivo de criar niños que sepan comportarse en sociedad, fin que, en el fondo, probablemente comparten los partidarios de un cachete, igualmente convencidos de que su método es el adecuado. En unos días, sus argumentos.

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